sábado, enero 10, 2009

La nieve que no llegó



- María, Víctor –grité llamando a mis hijos esta mañana- ¡Está nevando!
Ellos de un salto se bajaron de la cama y salieron corriendo hacia el salón en dirección al patio.
En ese momento sonaba el teléfono.
- Ring, ring, ring
Manolo se daba la vuelta en la cama y contestaba
- Dígame –muy alto, tan alto que dí un respingo-
- ¡Eh! ¡Ah!¡Vaya sólo fue un sueño!

Me hubiera encantado esta mañana ver todo el patio pintado de blanco, creo que con la emoción hubiéramos dejado de tener frío; pero lo único que había era una capa de escarcha cubriendo setos, baldosas y muebles, capa que aún siendo blanca, no era lo mismo.
Así que, no nevó y eso que cumplíamos todos los requisitos, pero faltó el más importante: “la lluvia”.
Este invierno estamos pasando uno de los inviernos más fríos, y encima nosotros que con los problemas de filtraciones y derrumbes, y con tanto albañil y todo el día con todo abierto, no nos quitamos los abrigos ni en casa.
No recuerdo haber tenido tanto frío nunca.
Lo cierto es que estoy deseando que se arreglen todos los desperfectos ocasionados el mes pasado, y volver a vivir en una casa calentita.

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