domingo, octubre 01, 2006

Y tu nombre es...


Antes de anoche tuve que asistir a uno de esos actos, en los que por suerte o por desgracia no conocía a ninguno de los participantes.
Iba como la señora de..., orgullosa (como voy siempre) de estar a su lado en sus momentos de triunfo.

Pues bien, antes del comienzo del acto, estaban las presentaciones, y, claro...: mira fulano estos son ... y señora, oye ¿conoces a la señora de...?, ¿qué tal estás? tu eras la señora de...
Me estaban poniendo entre todos de los nervios, con lo acentuada que tenía en esos momentos la crisis de mi propio "yo"...

En una de las presentaciones, el presentado se volvió sonriendo hacia mí y dijo "perfecto, y tu nombre es..."
Me hizo gracia la osadía, parecía que me hubiera leído el pensamiento, me llevó hacia el grupo en el que se encontraba él y añadió "os presento a Ascen y su marido es ese señor".

Lo que quiero explicar con esta historia es que todos tenemos un "yo" que se viste de una u otra forma, un "yo" inherente a quienes somos y no a como se denomine, un "yo" fácilmente percibible por los demás, un "yo" que no hace falta demostrar, que está ahí y que llega a todos.

Es por eso que rectifico lo que decía el otro día, no puedo estar harta de ser la madre de..., la esposa de... o la amiga de... Porque precisamente ellos son los hijos de..., el esposo de... o los amigos de...

Así, que se trata, de seguir siendo simplemente "YO", y todo aquel que quiera verlo, sin duda sabrá hacerlo, independientemente de como me presente o presenten en ese momento.